Era el invierno de 2013. Sólo hacía unas semanas que había terminado la temporada ciclista. A pesar de las dificultades, Igor Antón mantenía intacta su esperanza y es que su equipo Euskaltel Euskadi había desaparecido y sin él, el futuro del corredor vizcaíno se presentaba incierto. Decidió distraerse. Armó una mochila con lo justo, tomó un autobús regular en Bilbao y se fue camino a un pueblo de Toledo. Allí le esperaba el «dos caballos» que había comprado unos días antes por internet. Una antigua furgoneta Citröen 2CV que la marca francesa comercializó entre los años 1951 y 1956 y que en los años 70 actualizó con el modelo AK400.
Esta es la historia de una afición que tiene tanto del ciclista en cuanto a dedicación, esfuerzo y trabajo minucioso. Una pasión compartida por los coches clásicos con el también ex ciclista Pedro Horrillo, que se une a nosotros en una conversación maravillosa en la playa de Laga.